La razón por la que Andrea huyó de su cita

By 9.4.17


¿Has escuchado hablar de la rosácea? Es muy probable que nadie de tu entorno la haya mencionado nunca porque estamos ante una de las enfermedades de la piel que, pese a afectar a millones de personas en el mundo, es de las menos conocidas.

La rosácea es una enfermedad dermatológica crónica que tiene un alto impacto físico y emocional en las personas que la padecen, debido a que sus síntomas son muy evidentes y provocan fuertes molestias: rojeces en la cara, protuberancia, venas vasculares, erupciones cutáneas, espinillas, escozor, pústulas…

Una persona con estos síntomas se enfrenta desde un comienzo a un estilo de vida con grandes limitaciones que afectan su salud psicológica. De hecho, el 75% de los enfermos de rosácea sufre de problemas de baja autoestima, según varios estudios realizados en Estados Unidos. Una de las mayores frustraciones de estos pacientes es no poder salir a la calle habitualmente porque los rayos ultravioleta causan estragos en su piel, lo que hace que su vida social merme considerablemente, provocando en muchos casos trastornos depresivos.

Los cambios de estación también suelen empeorar los síntomas y, en consecuencia, reducir aún más la calidad de vida, especialmente cuando llega la primavera.

En resumen: no pueden llevar una vida normal.

Andrea te lo cuenta todo

Si aún no conoces a alguien que sufra rosácea, te presento entonces a Andrea, la protagoniza la Derma Story de Almirall: “Me he puesto roja”, en la que cuenta su momento de vergüenza durante una cita con un chico. Un hecho que, aunque parezca excepcional, refleja la cotidianidad de millones de personas con esta patología.

La historia de Andrea se resume en un email en el que pide perdón a un chico por haberle dejado plantado en un restaurante. Y no lo ha hecho porque no le gustara. Lo que ocurrió fue que durante el encuentro los síntomas empeoraron ¿Por qué? Porque cuando estas personas afrontan momentos de nervios o vergüenza las molestias vinculadas a la rosácea se hacen aún más evidentes.

Andrea, en medio de su cita, se sintió como un “bicho raro” y se fue corriendo sin despedirse.



Aprender a vivir con ella

La rosácea, cuyas causas son aún desconocidas, puede comenzar a manifestarse durante la infancia o en los primeros años de la adolescencia y se agrava en la edad adulta debido a los cambios en el estilo de vida, la alimentación y los factores psicológicos. Esta enfermedad es más común en las mujeres que en los hombres, especialmente durante la etapa de la menopausia, según explican desde Almirall.

La rosácea no tiene cura, sólo existen tratamientos que deben complementarse con medidas de cuidado personal como usar bloqueador solar a diario, protegerse la cara con sombreros o fulares, no exponerse demasiado a la intemperie, evitar los cambios bruscos de temperatura, reducir la ingesta de alcohol y, muy importante, no frotarse la piel aunque se sienta escozor ya que esto empeora los síntomas.

El uso de crema hidratante es clave porque con la rosácea la piel sufre una pérdida de agua transepidérmica.

Pero lo más esencial es el apoyo de los familiares, amigos y compañeros. Estas personas necesitan sentir que su problema no es una carga y que quienes les rodean les aceptan tal y como son, y empatizan con su situación. Esto no minimiza los efectos físicos, es cierto, pero sí les ayuda a elevar su autoestima y, por ende, a mejorar su calidad de vida.

Así que ya sabes: si algún día te encuentras con alguien que sufra esta enfermedad lo mejor que puedes hacer es darle todo tu apoyo para que, como dice Andrea, no se sienta un “bicho raro”.

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