Para el rostro, ni agua fría ni caliente

By 4.5.14

La temperatura que debe tener el agua con la que nos lavamos el rostro siempre ha sido tema de discusión. Los que buscan el elixir de la eterna juventud creen ciegamente en los beneficios del agua fría, mientras que aquellos que desean una mayor hidratación apelan por temperaturas más altas por aquello de dilatar los poros para que las cremas penetren mejor.

La realidad es que los dermatólogos siempre recomiendan no exponer el rostro a temperaturas extremas y lavarnos el rostro con agua cuya temperatura ronde los 15 grados centígrados.

Algunos recomiendan lavar el rostro a “temperatura ambiente”, pero si estamos en pleno invierno o atravesando uno de esos veranos sofocantes, ya os podéis imaginar cómo saldrá el agua del grifo.

Como no podemos vivir cargando un termómetro, lo aconsejable es que usemos nuestro propio medidor corporal: buscar una temperatura del agua que sea agradable. Que no sea ni muy fría ni muy caliente. Que cuando la pongamos en nuestro rostro no tengamos ninguna reacción rechazo, por el contrario, que la disfrutemos mucho porque nos proporciona una sensación de bienestar. Que simplemente haga que nuestro rostro se sienta fresco y que cuando salgamos a la calle no percibamos el choque por el contraste con el clima. Si logras todo ello habrás encontrado la temperatura del agua correcta para tu limpieza diaria.

Al principio es difícil encontrarla. Lo peor de todo es que debemos modificarla un poco con el cambio de estaciones, ya que nuestra piel tiene exigencias diferentes en cada época. Pero llega un momento en que conocemos tan bien nuestro cutis que regular la temperatura será una acción que haremos de forma automática.

Pero, ¿el agua fría y caliente es mala para el rostro?

En términos generales sí lo es porque, como ya dije antes, nuestra piel no puede exponerse nunca a temperaturas extremas porque a la larga pierde elasticidad y grasa, altera el nivel de Ph, contribuye a la rotura de capilares, causa irritaciones y se debilita provocando trastornos cutáneos que sólo pueden sercurados mediante tratamientos médicos. Además de que los músculos del rostro sufren de tal manera que no tienen más remedio que dar la bienvenida al envejecimiento prematuro.

Aunque, como en todo, siempre existe un “depende”. El agua un poco fría es muy buena por las mañanas para avivar el rostro, para quienes tienen la piel muy grasa y para quienes busquen más firmeza; mientras que el agua un poco tibia (no caliente) es buena para abrir los poros antes de aplicar algún tratamiento especializado.

Una buena temperatura del agua es el comienzo para tener un rostro sano y saludable. Nada hacemos con invertir dinero en cremas si maltartamos nuestra piel con el agua. Esos productos sólo surtirán efecto si preparamos nuestro cutis adecuadamente durante la limpieza.

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